jueves, 7 de julio de 2011

Consejos para ser feliz en el matrimonio


En un mundo donde hay cada vez más fracasos de pareja, aprender a amar al otro puede convertirse en una gran aventura, que además de corazón requiere cabeza, dice el filósofo español Tomás Melendo.


Un divorcio por cada tres matrimonios al año sitúan a Chile entre los países con las mayores tasas de rupturas conyugales en el mundo. Una realidad cuyas causas explica el filósofo español Tomás Melendo con una analogía arquitectónica: "El material de construcción no es muy bueno y no existe un proyecto claro de lo que se pretende".


Si nos ponemos a pensar es como construir una casa, si no tiene buenos cimientos la casa se va rajando y con un terremoto se cae.
Tambien hay causas que son anteriores y es que muchos jóvenes han sido criados por padres que los llenan de caprichos y eliminan de su camino todo lo que suponga una dificultad, por lo que les falta el mínimo vigor y fortaleza para aguantar la diferencia que se da entre dos personas que han vivido en familias distintas".

La falta de un proyecto claro, en tanto, tiene su origen "en personas tan excesivamente centradas en el yo, que son incapaces de conjugar el nosotros y soñar románticamente con un proyecto común".


Melendo ha dedicado más de 20 años y varias decenas de libros a reflexionar sobre la familia y la vida en pareja. "Es un tema que sigo en gran parte porque puedo vivirlo", cuenta, aludiendo a los cerca de treinta años que lleva casado -"y cada vez más enamorado"- con la también filósofa Lourdes Millán-Puelles, con quien tiene siete hijos y tres nietos.


Ambos son autores, entre otros libros, de "Asegurar el amor" (Ed. Trillas), donde -siguiendo con la metáfora arquitectónica- plantean que un matrimonio feliz no es fruto del azar, sino el resultado de lo que ambos hayan sabido construir día tras día".
Y en esta tarea, afirman, el puro corazón no basta. "Hay que poner también la cabeza y aprender juntos a superar diferencias y sacar provecho de las dificultades".


La gran aventura
Melendo -quien estuvo en Chile invitado al congreso "Educación del carácter y la afectividad", en la Universidad de los Andes- sostiene que "aprender a amar es la gran aventura de este mundo".
Una aventura que en la vida de pareja está lejos del cliché de seguir queriéndose como cuando eran novios. "¡Eso es absurdo! Si me caso es para poder querer a mi pareja cada día más que cuando éramos novios", exclama. Para lograrlo, entrega algunos secretos.

Detalles Diarios
Cada día hay que dedicar unos segundos a ver qué detalle especial se puede tener hacia la pareja. Puede ser una llamada telefónica, un pequeño regalo. "Lo importante no es que sea algo nuevo todos los días. Lo importante es que con estos actos lo que se renueva es el cariño, y llega un momento en que se hacen un hábito en el sentido positivo".
Espacio Exclusivo
Es fundamental dejar un tiempo diario exclusivo para estar con la pareja. "Para mí, es la hora de almuerzo y el momento de acostarnos", ejemplifica. Estos momentos de conversación y encuentro son para quererse de manera expresa y directa. En ellos, "la pareja puede disfrutar a solas en todos los sentidos".


Escapadas
Melendo recomienda un par de escapadas al año para dedicarse de manera íntegra al otro. "Ese tipo de cosas, que algunos buscan fuera del matrimonio, hay que hacerlas dentro, porque es lo que permite que el amor crezca".


La pareja es siempre lo primero
Es necesario establecer un orden en los amores, las ideas, lo material y el uso del tiempo. "Si la pareja es lo primero, siempre vas a anteponer tiempo para ella".


No ver defectos donde no los hay
Las diferencias del otro hay que acogerlas "y fomentar SU manera de ser. No la mía, porque es el modo que ella tendrá de crecer". Sus limitaciones, en tanto, hay que asumirlas, "pues todos los seres humanos las tenemos y es absurdo pedir a otro lo que no puede dar". Los defectos reales, en cambio, son aquellos que hacen daño al ser querido y a quienes están a su alrededor, no aquello que a mí no me gusta.


Vida sexual
"Amar es querer el bien para el otro". Y en la vida sexual, esto significa estar pendiente más del otro y de sus ritmos que de uno mismo.


Intimidad con otros
"Todo lo que hago con mi mujer, por el hecho de ser mi mujer, procuro no hacerlo con ninguna otra persona", dice Melendo. Esto pasa, por ejemplo, por "evitar abrir la puerta a momentos de intimidad con personas del sexo opuesto que puedan llevar a que acabes haciendo algo que no es lo adecuado".
"Con la pareja se viven los momentos buenos y los malos. Si se comienza a compartir con otra persona sólo momentos felices, no sólo se cae en el engaño a la pareja sino también en un autoengaño".


Ayudar a que me quieran
"La mejor forma de amar al otro es hacerle fácil el que me quiera". Eso pasa, por ejemplo, por ejemplo, por pedir perdón si se cometieron errores y por estar disponible cuando el otro te necesita.


Una enseñanza para los hijos
"Si quiero ayudar a mis hijos a crecer, debo querer a mi mujer. Es un principio metafísico: si los hijos son fruto del amor mutuo, su crecimiento también es fruto del amor", sostiene Tomás Melendo.


De hecho, agrega, "la educación sexual de los hijos no es la información, sino el modo en que ellos ven que se tratan los esposos. Eso pasa por no levantarse la voz delante de ellos, por que los hijos vean que lo primero que hago cuando llego a casa es preguntar por ella y por demostrarles que sus padres se tratan con amor y son prioridad el uno para el otro".